Quienes hacemos y respiramos canciones desde chicos, sabemos la importancia de una buena canción. Nadie puede prever ni calcular el efecto o el impacto de una canción, y esa es su mayor potencia. Una canción te puede salvar la vida o te la puede arruinar.
Hacer una buena canción es una de las cosas más raras y difíciles. Hay quien hace una canción por día para que la inspiración lo agarre trabajando. Hay quien pudo hacer buenas canciones solo en su juventud. Hay quien lo logra rara vez y de grande. Pero no se puede hacer una buena canción solo con dinero y voluntad. Se la puede robar, a lo sumo. Incluso a uno mismo. La IA no compone.
Por lo general las buenas canciones son modestas, nacen en soledad y de una guitarra. Las malas canciones también son deseadas y útiles. Hoy se las suele diseñar en una oficina entre varios “inversores”: lo corroboramos en redes, estadios y recintos colmados de selfies y likes.
“Quién resistirá cuando el arte ataque” decía una buena canción.

Tus canciones sí que son buenas. Gracias por hacer música de verdad!
Gracias!