El músico tiene que ser famoso y avalado por la industria y los consumidores para ser respetado como creador y pensador.
No hay oídos para una novedad que no tenga pauta, que no tenga rotación constante en medios, radios y redes.
Por el contrario, la música y el músico under será ante todo sospechado, de plagio, de falta de talento y de originalidad, será catalogado sin motivo de resentido, fracasado y envidioso.
Así funciona el mercado de la subjetividad capitalista.
