Archivo para Junio, 2010

El rock amburguesado

Escrito por Gonzalo Aloras el Jun 05 2010 | Uncategorized

Lo importante de una revolución es el entusiasmo

El rock vive su peor momento. Su esencia es anticapitalista porque nació como resistencia joven a los poderes establecidos, como liberación, como movimiento constante a favor de la diferencia y de lo singular. Hoy asistimos junto al resurgimiento de un cierto tipo de fascismo globalizado, a una de sus conquistas más ingeniosas. Una lectura histórica que nos hace decir el rock nace con el capitalismo y este es una de sus invenciones. Pero existe otra lectura de los acontecimientos en un devenir no-histórico. Se reacciona diciendo “sí sí, ya sé que la época es así, que los valores decayeron, que el mercantilismo todo ha invadido y que el mundo se mueve sólo por dinero; no veo la novedad ni el interés en volver sobre el tema”. Justamente esa reacción es el signo disparador: hemos sido domesticados, tranquilizados, adormecidos, acostumbrados ante lo que debiera ponernos en alerta, atentos, inquietos e interesados cada vez, como si se tratase de la primera y la última posibilidad de exorcizar la pasividad y la sedación a la que estamos obligados o bien la primer o última chance de utilizar nuestra lucidez y entendimiento a favor de quienes más lo necesitarán. Por eso en este ensayo, acudiremos a nuestras armas preferidas: la palabra dicha y la repetición modulada. Repetir, insistir, volver como la hace un buen estribillo que surte efecto sólo en el tiempo, al despertar en nuestro inconsciente su singularidad.

¿Cuál es una respuesta posible a la pregunta sobre por qué los músicos de rock tienden a decaer en sus propuestas artísticas con el paso del tiempo (compromiso, calidad, simpleza, fuerza, originalidad, rebeldía, refinamiento, sutileza, frescura, belleza e innovación) mientras paralelamente va menguando la aparición de artistas nuevos y verdaderamente originales?

Leemos las revistas de música y no encontramos gran diferencia con el contenido y la redacción de cualquier otra revista amarillista o de chimentos. Nos venden ante todo productos y servicios, bandas de laboratorio como si se tratase de revelaciones culturales y se descarta aquello que podría generar avances; Hablamos con sus redactores sobre esto y nos dicen: de algo hay que vivir! Ponemos la radio y oímos bandas que no saben afinar un instrumento, ocupando los puestos más altos de las preferencias pautadas. En la TV vemos conciertos o videos con ideas copiadas de otros nuevos grupos extranjeros a su vez vacíos de contenido e ideas. En la radio, las mismas viejas canciones de 20 años atrás. Compramos los nuevos discos de los clásicos autores de rock y volvemos a encontrarnos con las mismas cadencias, letras y sonidos de siempre, sin roce, sin riesgo alguno para nuestra percepción adormecida y necesitada. Y todo esto no logra producirnos ni siquiera nostalgia. Nos produce una intriga. Una gran curiosidad.

Luis Alberto Spinetta responde ante una pregunta del periodista Marchi:

“…Ya desde hace muchos años el abuso del poder, como en el caso de la época de los gobiernos de facto, se dedicó a maltratar al pueblo por sobre todas las cosas; bombardearle la ciudad, o hacerle la maldad que sea, para defender a Cristo o lo que fuere. Eso hizo que apareciera gente de mala calaña. Que cuando tuvo poder para hacer hospitales y escuelas, hizo shoppings… Entonces, la gente se alimentó mal, la cagaron a palos, la torturaron y encima le dieron de comer caca. ¿Qué querés que surja? “

No es acaso este párrafo una síntesis del efecto de la subjetividad capitalista en las sociedades? Pues no siempre se puede nombrar el problema directamente, sino merodear sus contornos, como quien reemplaza un objeto por su descripción.

Otra vez Marx

¿Por qué será que los jóvenes ya no se preguntan de qué se trata el capitalismo, siendo básicamente este quien los oprime, reprime y separa de lo que ellos pueden o sueñan?

La despolitización de la juventud forma parte de un cierto tipo de política. Este viejo sistema no se puede permitir resucitar justo ahora los planteos de Marx, mucho menos actualizados y mucho menos aplicados a problemas que ni el propio Marx imaginó. Ese tipo de emprendimiento, el estudio, el análisis y la crítica del capitalismo y sus consecuencias en la vida conyugal, social y artística de nuestro tiempo, debe ser erradicado. Sin que nos demos cuenta y sin que pensemos en ello, es la tarea conjunta de los Estados (capitalistas y socialistas) y de los que aún siguen creyendo, esclavizados o enfermos, en este “sistema desmoronado” que arrastra con sus garras hacia el avernos todo lo que encuentra en su caída.

Rock de la mercancía

Progresivamente un cierto tipo de subjetividad (modo de valorar y ver las cosas) laminó todo bajo un mismo spot: sólo sirve, divierte, alegra e interesa lo que se vende mucho y rápido y lo que pueda tener alto valor de cambio y aceptación masiva; las demás valoraciones debieron desaparecer. Consecuencia de esta empresa mundial suicida.

Esta subjetividad creciente, también dentro de los movimientos artísticos, se hace extremadamente notoria en la cultura rock, ya que por ejemplo la pintura, la música contemporánea o el cine de autor, no se han masificado quizá ni descodificado de tal manera en un mercado que pueda pervertir o confundir con tanta facilidad a sus creadores sobre el sentido y el para qué de sus creaciones y sus vidas. La creación en estos ámbitos artísticos (que es timoneada por solistas o solitarios) tiende a dibujar casi siempre una línea ascendente o dinámica sin grandes altibajos, milagrosamente a salvo de la subjetividad imperante. Las películas de Lucrecia Martel por ejemplo, no van a terminar siendo con el tiempo películas de entretenimiento para la familia o publicidades de autos. Y sus películas son muy divertidas! Pues no olvidemos que lo aburrido es un tópico que conforma con lo entretenido una doble pinza de captura creada por ese mismo sistema, sostenida por esa subjetividad especial. Gracias a dios podemos hablar de Martel como una nueva solista del cine argentino más o menos conocida…

Diremos que el sistema capitalista (si es que podemos seguir llamando sistema a algo que pierde su estabilidad, su equilibrio y deviene incontrolable) implica el decaimiento de las fuerzas creadoras, sociales e individuales. Producir no siempre es crear. Pues la producción por la producción basada en una economía de mercado, en la rotación rápida y en el raiting, en la venta como único parámetro de medición y valoración, no va de la mano de la novedad o de la aparición de ideas sino de la repetición vacía, de la re-producción de lo mismo. En este sentido, aunque estemos siempre rodeados de nuevas (re)producciones que dan la ilusión de la variedad, seguimos acorralados por una ininterrumpida repetición de los mismos gestos, sonidos, imágenes que no han necesitado sino copiar, imitar, repetir ideas más o menos anteriores.

Toda música es política

Hoy, los íconos del rock contratados con este régimen, suelen decaer en lugar de mantener una producción dinámica sobre un mínimo umbral de calidad o innovación artística. Es el contrato mismo el que impide ese crecimiento y los arrastra a una suerte de amburguesamiento (letal para los espectadores que siguen esa dieta) Así mismo, en esta doble transformación espiritual, el artista, sumergido cada vez más en el polo paranoico capitalista, abandona intencionalmente toda solidaridad hacia lo que surge o debiera surgir, viendo como amenaza y competencia la posible renovación propia y ajena (cuántos músicos y músicas nuevas podrían ser disfrutadas por nosotros si quienes tienen influjo y poder en el medio donaran solo el 10% de su tiempo o su dinero a ello!).

Esto que llamamos subjetividad capitalista, una suerte de mentalidad social en al que uno se inserta o es capturado, decide o se expresa sobre todo a través de músicas y artistas. La gente no sigue políticos, sigue políticas; aún sin ser conciente de esto, a través de dispositivos, representados por artistas y obras. No es la política quien dirige a los hombres, es el sonido. Por eso la música es política. Y todos los intentos de desvincularlos son intentos de evitar la visión, por ocultar lo esencial y por demorar el entendimiento. La música no es el entretenimiento complementario que adorna la vida de los pueblos, es el sonido que le da cuerpo a las políticas que mueven y guían la vida de los pueblos

Algunos músicos supieron reinventarse relativamente fuera del rock como artistas populares (Litto Nebbia, su obra y su discurso ético y político sostenido a lo largo del tiempo) ganándose cierta indiferencia y marginación de un gran sector especializado en la actualidad.

“Quiero andar por la vida como un musiquero
que aunque falte dinero igual toca sincero
que ayudar a un amigo esté siempre primero
y luchar por lograr el camino elegido”

(Coplas del musiquero, Litto Nebbia)

Paris, 14 de junio de 1940

El rock supo abrirse camino como movimiento ligado al arte, a la revolución, a las ideas y a la libertad. El capitalismo poco a poco se fue apoderando de esta plataforma de expresión masiva para trasformarla en un espacio específico de venta a base de repetición vacía (hoy hasta los más jóvenes gritan: el rock nació para vender!). Dándole a sus artistas dinero y fama (primeramente convenciéndolos de qué estas dos cosas son sinónimos de buen vivir) a cambio de una cierta moderación en sus contenidos…Y con esas dos modulaciones se logró desvitalizar y desnaturalizar casi en su totalidad la idea o esencia rock y su fuerza de movimiento y rebeldía originaria.

Así mismo el público se encuentra cada vez más embrutecido, amedrentado, tanto por la sociedad de control y la constante amenaza de extinción como insensibilizado por la ausencia de estímulos reales, disminuido por la escasez de recursos económicos; incapaz de defenderse, de alcanzar una mínima percepción que le permita discernir entre lo que le haría mejor o peor, en otras palabras, destinado a una monstruosa pasividad esclavizante y sin distinción de clases.

Desaparece el ámbito fértil para el contagio, la difusión y el mutuo incentivo que necesita cualquier movimiento artístico para surgir. No puede crecer nada de una tierra infértil. No salen a la luz las nuevas generaciones en un medio bajo control absoluto, como no aparecen nuevas especies vegetales ni animales en zonas inhóspitas o desérticas. Pues efectivamente vivimos en sociedades de control y se desertifican nuestras tierras día tras día.

El mismo sistema capitalista/socialista impide por esencia la aparición de lo nuevo. Y de los nuevos nombres que pudieran aparecer solo pasarán la puerta de la aprobación y el apoyo mediático, aquellos que puedan ser controlados; homologados, moldeados y producidos (de allí la terrorífica función de algunos pseudos-productores artísticos impuestos por las compañías) como variaciones de productos o propuestas anteriores. Solo verán la luz a gran escala aquellos artistas que firmen contrato con alguno de los dos o tres centros monopólicos de poder, producción y difusión que controlan la totalidad del espacio y de los flujos de información.

De los imitadores

Lo más usual en la charla entre ejecutivos de una compañía discográfica es oír frases como: “estamos buscando otro Fito Páez pero no encontramos, por eso preferimos inventar solistas comerciales carilindos o bien firmar con aquellas bandas que aunque sean una porquería, logran meter ya por su cuenta mucha gente en sus recitales”. Cínico por donde se lo mire. Otro Fito Páez no aparecerá jamás. Y es por eso que nos bombardean con imitadores. Cuando apareció, nadie buscaba un Fito Páez! Cambio de paradigma: antes buscábase lo diferente para desarrollar; ahora se busca lo mismo para imponer. La tapa del disco “confia” de Fito Páez lo muestra junto a su imitador…

Las bandas de rock en la actualidad, se instalan en un cierto tipo de fenómeno quizá algo alejado del hemisferio artístico y más ligado a lo ritual, similar a lo que sucede con las barras de fútbol y sus códigos no necesariamente futbolísticos o deportivos. Es tal la pauperización en las últimas dos décadas que la cultura rock intenta al menos no perder su valor congregacional, dejando a un lado por ahora en una especie de urgencia existencial, el factor estético, musical o lírico. Se trataría simplemente de ser parte de algo grande. Se trata de formar y sentir una fuerza de esas cualidades. Y ya no de percibir fuerzas musicales de tal o cual calidad. Implosión o retroceso.

“La gente quiere porquerías!” Responden menospreciándola al unísono, enfermos, cínicos y débiles, quienes tienen de algún modo contrato con este sistema y quisieran sostenerlo. Tener contrato o vivir bajo una política del avestruz, lo cual significa casi lo mismo.

Nosotros decimos que si no se realiza al mismo tiempo un análisis, una crítica política y económica del sistema que opera y controla la época, es decir el modo de pensar, valorar y percibir socialmente, jamás daremos con soluciones prácticas para las inquietudes en las diversas disciplinas y malgastaremos muchas de las veces nuestras fuerzas volviéndonos a encontrar ante callejones sin salida. Revisar el modo de pensar y vivir capitalista/socialista es más urgente que detenerse en la cultura rock, sus protagonistas y sus quehaceres, egos personales, avances tecnológicos, carreras individuales o modas pasajeras. El mercado como concepto muchas veces misterioso necesita ser constantemente analizado en su metamorfosis y en su relación con los movimientos sociales e individuales. Si todo es cuestión de mercado no podemos avanzar sin desmenuzar su concepto y su naturaleza. Aunque no contemos siempre con las herramientas para lograrlo, contamos con la desconfianza y el no, para separarnos de las opiniones y las informaciones dominantes.

La opinión y la información como enemigos

La opinión y la información son nulas, pero porque su poder reside en su nulidad, ocupan nuestro tiempo y nuestro espacio sin generar cambios ni plantear verdaderos problemas. Vivimos rodeados hoy más que nunca de opiniones e informaciones, justo cuando el cuadro mundial marca los índices más altos de pobreza, destrucción ambiental y decadencia cultural. Pues términos como Capital, trabajo, fuerza, alegría, arte, vida, mercado, no son opiniones ni informaciones: son conceptos. Y los conceptos necesitan ser creados, y utilizados. Por eso no tenemos crítica de Arte: la verdadera crítica no viene del mundo de la opinión ni de la información: lucha contra ello! Todos hablamos y pensamos con opiniones prestadas. Y el mundo se cae a pedazos ante nuestros ojos. La información y la opinión no son creadoras. No es con información ni con opinión como daremos con nuestras alegrías futuras ni con el pueblo que soñamos venidero. Es con creación en todos los ámbitos. Y luchar por lograrlo es empezar a plantear de otro modo los problemas o las problemáticas que nos acechan. Y no sumándonos a las opiniones dominantes. Dejar de ser tan pasivos en nuestros enunciados. Eso ya es hacer mucho por la aparición de lo nuevo. Eso ya es hacer mucho. “No todos somos creadores! No se nos puede pedir eso!” No repitiendo las opiniones y las informaciones dominantes nos transformamos en creadores en potencia, nos transformamos en resistencia activa contra la subjetividad capitalista que nos disminuye incluso cuando creemos tener bajo control nuestra casa, nuestra familia y nuestra mente frente a sus embates. El enemigo cambia de rostro porque lo necesita. Evitando el rostro no nos hace falta combatirlo.

Filosofía y zapatos de goma

El músico jamás ha necesitado filosofía para realizar sus tareas. Ni es fundamental que maneje conceptos de economía política para dar reportajes o hacer las letras de sus canciones. Porque el músico piensa con música. Y porque cada decisión estética o literaria es ya un cierto tipo de política, ya una cierta economía. Pero cuando el músico quiere comprender por qué decaen sus fuerzas productivas (cambiar es lo propio del artista pero decaer es sintomático de decadencia) o las fuerzas creativas de su generación, necesita salir un poco de la música y sus códigos, y sobre todo necesita salir del mundo de la opinión y la información. Para poder pensar socialmente, ver el bosque mas allá de su pequeño entorno. Y dar con los verdaderos problemas de fondo que lo afectan a él y a su tiempo. Donde se hace imprescindible aventurarse en otros terrenos y consultar disciplinas vecinas. El pensamiento puro no puede dar cuenta de realidades porque ninguna realidad es pura; toda percepción natural es mixta.. Y cuando un músico habla o se expresa más allá de su música, se transforma en pensador. Y el pensador, aunque no lo sepa, nace siempre en la tierra de la filosofía y dialoga con ella.

Underground (la movida bajo tierra del rock y sus diferentes expresiones, pop, indie, electro, punk, etc, etc)

Lo que vive, lo que respira, lo que se está creando sin ser visto existe bajo tierra. Underground. Sin contratos ni promociones publicitarias. Sin merchandising ni rotaciones televisivas. Es la verdadera cultura rock siempre naciente que no sabe morir porque tiene una función existencial para la juventud que no puede ser reemplazada: crear y resistir.
Los buenos nuevos solistas de rock existen y están creciendo hoy día bajo tierra. Aquellos que nos movemos fuera de los circuitos preestablecidos de consumo e información lo sabemos y lo gozamos. Siempre tenemos nombres y discos desconocidos para hacer circular entre los nuestros y los más lejanos. Vivimos un poco haciendo eso y para eso, con las herramientas a nuestro alcance. Pero no somos ingenuos y queremos que sean las mayorías las que gocen y se liberen de la mezquina rutina de músicas amburguesadas a las que son sometidas. Porque sabemos que la buena música (la música que no es sólo comercial) sirve en el proceso de sensibilización y estímulo, aporta en dirección al cambio social, en el sentido de la revelación y la toma de conciencia que genera con sus sensaciones, en su capacidad de liberar efectivamente las almas de sus angustias y sus atolladeros cotidianos.

Vivimos el fin una era massmediatizada en la que la gente consume (cree en) aquello que le es impuesto por revistas, radio y TV. Y dichos Medios trabajan en complicidad con las compañías multinacionales y empresarios que sólo quieren publicitar e imponer sus productos comerciales, quitando espacio físico y virtual a todas las otras expresiones emergentes. Las nuevas leyes (de aquí el papel determinante de todas las disciplinas creativas en los ámbitos jurisprudenciales) deberán indefectiblemente mover el timón hacia situaciones sociales más favorables. Sabemos que es posible y deseable la difusión masiva y la comercialización de propuestas que vuelvan a poner en las almas, en las salas, en las radios o en las computadoras, sensaciones distintas y afectos reales, que nos ayuden a salir de la mediocridad y el encierro, que nos eleven, que nos diviertan de verdad, sin embobarnos, que nos devuelvan la creencia (Y quién puede proponerse con criterio en una tarea tan subjetiva? Los buenos músicos, como fue el caso de Gilberto Gil asumiendo roles y decisiones muy alentadores en el ámbito de la cultura musical brasilera) Todos somos responsables de generar cambios, de abrir-puertas. El que mira hacia un costado ante estas cuestiones es colaboracionista, ya sea portero de un edificio o presidente de Sony, hombre de la bolsa o de la Bolsa, artista o urbanista, juez o deportista. Es nuestra responsabilidad, personajes de todas las disciplinas, tomar partido en este collage, en este jardín de gente, en esta red sin centro que debe crecer. Hoy más que nunca se nos presenta la decisión: De qué lado estar, ser, vivir?
De un lado el bombardeo y el cinismo de lo mismo (producir para el mercado) del otro, la movilización constante de fuerzas, conceptos y afectos que nos permitan generar nuevos mercados potenciales que permitan el flujo de otro tipo de artistas, obras, espectadores, espacios y lugares, programas de radio y de tv, que nos ayuden a abrir de par en par las alas del deseo.

Gonzalo Aloras
Marzo del 2010
Buenos Aires

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