Yo sigue siendo otro
Ya lo mostró el filósofo alemán, la historia no avanza dialécticamente. Si los jóvenes de hoy aprecian a la Nouvelle Vague es porque también estarán creando su época, rompiendo con el pasado, por más grandioso que éste haya sido. Filmarán su Sin Aliento, escribirán su Anticristo y grabarán su Hot Rats, aunque tal vez nosotros no podamos disfrutarlo. ¿Qué hubiese sido de Kafka (o de todos nosotros) si se hubiese detenido en Shakespeare? O del mismo Will, si se hubiese detenido en Plauto o Séneca. Nunca hubiésemos disfrutado de un Hamlet o de un Lear. Sin embargo mezcló todo y encima se preocupó por llenar el teatro. Y lo llenó. La época es complicada. Pero no muy lejos en el tiempo y en el espacio: Caetano Veloso se junta con los amigos de sus hijos, dejando todo ego de lado, se deja producir, y arma discos y conciertos hermosos, que también hablan de esta época. Los jóvenes despertaron hace rato. Como en todos los momentos difíciles del mundo (y de este país) se está gestando un movimiento en los intersticios, en las sombras, en la periferia con pibes de no mucho más de treinta años.¿Cuántos años tiene Lisandro Alonso? ¿O Lucas Martí? ¿O Aristimuño? ¿O Juan Terranova? ¿Y su público? Porque también existe un público. Además todos sabemos que no se puede sacar provecho artístico de ser esclavo de una depresión generalizada…